Arquitectura Vernácula. Dícese de aquel tipo de arquitectura que ha sido proyectada por los habitantes de una región o periodo histórico determinado mediante el conocimiento empírico, la experiencia de generaciones anteriores y la experimentación. Usualmente, este tipo de construcciones son edificadas con materiales disponibles en el entorno inmediato. El objetivo es generar microclimas dentro de las edificaciones para obtener cierto grado de confort térmico y así minimizar las condiciones de climas extremos.
Existen parámetros reconocidos para catalogar algo construido como arquitectura vernácula: en primer lugar debe ser expresión de una tradición constructiva ancestral aún viva, en segundo lugar es preciso que haya sido construido por nativos del lugar, además que se utilicen materiales locales, y que éstos al cumplir su ciclo vital sean devueltos sin riesgo o contaminación ecológica al propio suelo.
En la actualidad debería ser un deber conocer su variante regional de este tipo de arquitectura, en la que ha morado la humanidad entera hasta hace apenas unas décadas y que nos ha permitido ser participes y espectadores de su patrimonio arquitectónico. Sin embargo, también nos encontramos casos en los que se debate la frontera o límite de lo que puede considerarse vernáculo en algunos lugares, como por ejemplo el Caribe, donde prácticamente todo vestigio de las culturas aborígenes o precolombinas fue abolido o transculturado.
Imagen: Palafitos en Fadiout, Senegal. (KAHN, LLoyd. Home Work. Handbuilt Shelter. California: Shelter Publications inc., 2004)
Desde los tiempos antiguos, el hombre constituyó comunidades para la mejor protección, por razones económicas o para satisfacer la necesidad de contacto humano. Los primeros aldeanos construyeron con materiales locales en lugares elegidos por su aptitud para la defensa u horadados en la propia tierra. Un constante y orgánico desarrollo de la vivienda tuvo lugar en todas las partes de la tierra. En las zonas forestales, el ser humano vivía en los árboles o construía con madera; en las regiones rocosas, se refugiaba en cuevas o edificaba en piedra. A veces, esto constituyó una verdadera fuente de riqueza. Con todo, los recursos limitados estimularon al hombre a descubrir y trabajar con simples materiales en el ámbito de su dominio. Por esto, es muy lógico que los seres humanos, aun cuando separados entre sí por zonas de mar o montañas, llegasen a similares soluciones ante los mismos problemas en muchas regiones de la tierra. “El acto de habitar”, surge espontáneamente como una respuesta del hombre a las condiciones del medio externo que debe enfrentar para construir sus viviendas, aportando parámetros propios y locales de autoconstrucción, creando de este modo ciertos tipos de configuraciones arquitectónicas y urbanas básicas, que orientaron (y aún lo hacen) el desarrollo de sociedades al crear patrones de accesibilidad al medio natural en distintas latitudes del mundo. Se establecen así las primeras tipologías de habitáculos móviles, nómadas y permanentes, generando de este modo diferencias de morfologías constructivas en el proceso del hacer con intención un espacio habitable, de encontrar inicialmente el cobijo.

Imagen: La iglesia de Saint Augustine de Ramsgate, Kent (1845-1852): Pugin utilizó materiales locales y métodos vernáculos como declaración contra la internacionalización de su época. La aguja y el campanario que aquí se muestran no se llegaron a construir. (RICHARDSON, Vicky. Vanguardia y tradición: La reinterpretación de la arquitectura. Barcelona, Ed. Blume, 2001)
Pero esta tradición inmemorial, que abarca desde las cabañas de barro y paja de las tribus africanas a nuestros caseríos de piedra y madera, ha entrado desde la segunda mitad del siglo XX en una inexorable decadencia. La implantación de la arquitectura moderna provocó un impacto brutal sobre las técnicas tradicionales, del que ya no se recuperarían. La urgencia por alojar las masas urbanas supuso la adopción de la tecnología moderna para la fabricación en serie de nuevos materiales como el acero, el ladrillo, el cemento y el cristal. Se rompió la tradición artesanal y gremial de la construcción en las ciudades, lo cual supuso un vuelco definitivo en la producción general de materiales constructivos de los países desarrollados. Si primero fue la desaparición de la ‘ciudad vernácula’, poco a poco la arquitectura rural fue adoptando los materiales y técnicas modernas. En toda Europa y América del norte, más tarde o más pronto se dejó de construir arquitectura vernácula. Los nuevos edificios rurales que se levantaron a partir de entonces se hicieron según el modo técnificado de la arquitectura moderna, adoptando en general una suerte de variante falseada del estilo anterior o neovernáculo, que apenas conservaba una serie de rasgos pintorescos. También las restauraciones de edificios vernáculos comenzaron a adoptar los materiales industriales, con lo que desaparecieron casi por completo los oficios tradicionales relacionados con las artes de la construcción. El último paso de este proceso fue la implantación de legislaciones que prohibían la autoconstrucción vernácula e imponían la firma del arquitecto profesional en cualquier proyecto.
El resultado de este proceso es que la arquitectura vernácula ha muerto en el primer mundo y se ha convertido en el mejor de los casos en un patrimonio cultural restaurado con más o menos acierto o presentado en parques temáticos al aire libre. Sólo en determinadas áreas rurales del tercer mundo sigue viva e intacta la arquitectura vernácula, mientras que en torno a las grandes urbes ha aparecido un curioso fenómeno híbrido de autoconstrucción con materiales naturales e industriales de deshecho, en forma de grandes barriadas pobres de chabolas o favelas. La sustitución de la técnica vernácula por la tecnología moderna en la arquitectura, como hemos comentado anteriormente, no provoca un cambio de orden estético solamente. Su mayor y peor consecuencia es la transformación social y cultural que conlleva. Mientras las viejas casas vernáculas se derrumban o rehabilitan agresivamente y se construyen las nuevas viviendas modernas, lo que está cambiando en realidad es una forma de vida, una visión del mundo, una cultura popular riquísima y la esencia del hombre mismo.
De todas formas, cabe destacar que durante el siglo XX, el interés por los edificios como manufactura artesana nunca desapareció absolutamente, a pesar del tremendo impacto de la tecnología en la industria y en la construcción. Sin embargo, en los últimos años hubo un resurgimiento de lo vernáculo que recuerda el movimiento inglés Arts & Crafts, que tuvo su momento álgido justa hace un poco más de un siglo.
En 1997 apareció el primer estudio internacional sobre edificios vernáculos, publicado en tres volúmenes. “The Encyclopedia of Vernacular Architecture of the World”, editado por Paul Oliver, incluía la obra de unos 250 investigadores de 80 países. En varios aspectos, la preocupación de Oliver es un eco de las ideas de los arquitectos Arts & Crafts, que en la década de 1860, empezaron a documentar los edificios locales de los condados de Kent, Surrey y Sussex dibujándolos en sus libretas y fotografiándolos posteriormente, temerosos de que la industrialización los hiciera desaparecer. Naturalmente, el estudio de Oliver tiene una escala y un nivel de complejidad muy diferente y es de ámbito internacional. Él quiere proteger lo vernáculo porque cree que todavía es la mejor solución a la escasez de vivienda. A diferencia de los Arts & Crafts, y de algunos arquitectos de hoy en día, que toman prestadas algunas ideas de lo vernáculo y las reinterpretan, Oliver defiende la reproducción a gran escala de los edificios tradicionales locales.
Un precursor de la obra de Paul Oliver fue la innovadora exposición “Arquitectura sin arquitectos” en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York en 1964. Por primera vez, los habitáculos autoconstruidos por sus mismos moradores, particularmente en el Tercer Mundo, se presentaron como obras “de arquitectura” bellas y funcionales. En el libro que se publicó a raíz de la exposición, su comisario, el antropólogo Bernhard Rudosky, escribió: “De algún modo el hombre prehistórico tenía mayor inteligencia práctica que el hombre moderno, pues lo que llamamos sus “primitivos” habitáculos eran viviendas dirigidas por factores ecológicos”. Su investigación coincidió con el fin de la visión autocomplaciente del boom de la posguerra y con el comienzo de un profundo sentimiento de malestar acerca del impacto de la humanidad sobre el planeta.

Imagen: André Ravéreau realizó en 1976 diecinueve casas de arcilla, formando un conjunto de viviendas asequibles cerca de Ghardaïa, en el M’Zab, Argelia. (GAUZIN-MÜLLER, DOMINIQUE. 25 Casas ecológicas. Barcelona, Editorial Gustavo Gili, 2006)
En definitiva, a menos que sean de grandes civilizaciones y reconocido status monumental, se desperfilan como arquitecturas precarias y no como la respuesta clave que tiene y ha tenido el ser humano para convivir sosteniblemente con el medio natural. Proyectar pensando en el medio ambiente, considerar el lugar y la cultura que lo habita, minimizar el deterioro ambiental y el consumo energético son parámetros utilizados y obligados para lograr un diseño arquitectónico óptimo, las arquitecturas a caracterizar lo hacen inherentemente a través de distintas maneras de enfrentar el medio natural, gracias al equilibrio vernáculo desarrollado en el tiempo.
Estamos viviendo en una época en la que se están produciendo extraordinarios avances tecnológicos y tendemos a creer en nuestra capacidad de solucionar cualquier problema. Además, estamos demostrando constantemente la viabilidad de crear diseños que no sólo mejoran nuestras vidas sino que también explotan los grandes recursos energéticos naturales disponibles en la tierra. Ciertamente, los humanos han utilizado estas formas de energía durante milenios para crear entornos confortables. Pero, desde el punto de vista de los muchos factores que facilitan un diseño sostenible, la historia reciente de la construcción constituye una dura lección.
“Los dos aspectos de la tecnología -el positivo y el negativo- se han manifestado de forma clara en el siglo XX. Sin duda podemos afirmar que en este siglo se han salvado más vidas humanas que en cualquier otra época pero también se han destruido más que en toda la historia de la humanidad, con la ayuda de la ciencia y la tecnología. ¿Cómo hacer frente a este dilema? Ésta es la tarea histórica con la que nos enfrentamos en el umbral de un nuevo siglo”. Yashuhiro Nakasone, primer ministro del Japón (1982-1987), Conferencia sobre la vida, la ciencia y la humanidad, 1984.
El tema se vuelve más complejo a medida que aumenta el número de especialistas involucrados en los proyectos de construcción y crece el número y la complejidad de sus especialidades. Los distintos expertos y grupos participantes tienen todos sus propios criterios, igual que los clientes, los planificadores, promotores y usuarios de los edificios, y todos tienen unas expectativas extremadamente altas. En los últimos años del siglo XX, el deseo de eficiencia y responsabilidad medioambiental se ha unido a la lista de estas demandas y criterios. También deberíamos procurar el valor en sí mismo en comparación con el resto de factores que determinan la estructura y el funcionamiento de nuestro entorno. Todos los responsables, particularmente arquitectos y diseñadores, deben tomar la iniciativa e impulsar continuamente el desarrollo intenso, natural y responsable del ingenio humano.

Imagen: Casa de bajo consumo energético en Pirmasens, Alemania. La casa tiene dos fachadas diferenciadas: al nordeste, lado calle, una fachada maciza y opaca, al sudoeste, un muro cortina abierto al bosque, con dos pantallas parasol correderas hechas de lama de madera de abeto Douglas. (GAUZIN-MÜLLER, DOMINIQUE. 25 Casas ecológicas. Barcelona, Editorial Gustavo Gili, 2006)

Imagen: Una de las casas del pueblo de Gourna, en Egipto, construido en la década de 1950 por el arquitecto Hassan Fathy. (GAUZIN-MÜLLER, DOMINIQUE. 25 Casas ecológicas. Barcelona, Editorial Gustavo Gili, 2006)
Kant dijo que la libertad llega hasta cuando las consecuencias de las acciones de una persona afectan a otras. En el caso de la construcción y el medio ambiente, nuestras acciones siempre afectan a otros. Establecen el marco de todo nuestro estilo de vida. De todas maneras, este sentido de la responsabilidad no significa que tengamos que contentarnos con unos entornos restrictivos o aburridos. Al contrario, los aspectos concretos de las energía natural están estrictamente relacionados con nuestra apreciación de la estética: el reconocimiento de luz y movimiento como los componentes esenciales de la belleza.
Para los arquitectos preocupados por su papel potencialmente marginado en una industria de construcción cada vez más compleja y especializada, esto representa un reto inevitable. El papel holístico de los arquitectos les coloca en una posición especial en la que se unen aspectos técnicso y estéticos de la construcción. Una concienzuda combinación de ambos aspectos es esencial para asegurar el éxito de la arquitectura sostenible.
Sin embargo, los arquitectos casi siempre diseñan los edificios basándose en criterios más estéticos que funcionales. Debido al aumento de la conciencia sobre temas medioambientales, los edificios han adquirido una mejor apariencia.
Tenemos que ampliar nuestros horizontes y ser conscientes de nuestra actuación cuando construimos. El abanico de intereses va desde la capacidad del usuario de abrir una ventana hasta la planificación urbanística del entorno. También hemos de considerar toda la escala del tiempo, el ciclo de la vida de lo que construimos y cómo lo usamos. No sólo tenemos que fijarnos en la cantidad de energía consumida durante la construcción de un edificio, sino también en la energía que costará el derribo o desmantelamiento y el reciclaje de los materiales o su eliminación al final de su existencia.

Imagen: Pabellón en Australia, 1992: Glenn Murcutt ha reconvertido un garaje de tractores reciclando la madera de las partes demolidas. Se han insertado generosas aberturas de vidrio en la antigua fachada. (GAUZIN-MÜLLER, DOMINIQUE. 25 Casas ecológicas. Barcelona, Editorial Gustavo Gili, 2006)
Esta nueva búsqueda de soluciones es extremadamente ambiciosa ya que significa más cantidad de trabajo para las personas implicadas. El cambio y el diseño complejo implican siempre más trabajo si quieren resolverse con éxito. Los arquitectos no pueden trabajar aisladamente sino que el trabajo en grupo es esencial. Llevar a cabo grandes cambios en esta compleja red de personas y organizadores requiere determinación y una buena orquestación. No es una tarea fácil, pero sí vital. Tenemos las herramientas, tenemos la tecnología; en nuestras manos tenemos la posibilidad de hacer funcionar estos nuevos sistemas.

Imagen: El trabajo de Glenn Murcutt, por ejemplo esta casa en Glenorie, al norte de Sidney, evoca las estructuras agrícolas al responder a circunstancias del mismo modo que lo hacen los constructores de arquitectura vernácula.
(GAUZIN-MÜLLER, DOMINIQUE. 25 Casas ecológicas. Barcelona, Editorial Gustavo Gili, 2006)
En una entrevista a David Chipperfield (Londres 1954), publicada en la revista Arquitectura y Diseño, el arquitecto respondió lo siguiente:
¿Caminamos hacia una arquitectura menos visual? La industria de la construcción camina en dirección opuesta a la de muchos arquitectos. Hoy los obreros vienen de Polonia o Marruecos sin experiencia. Son mano de obra, no profesionales. En el pasado había una profesión que sabía cómo hacer muros de ladrillo. Hoy los paletas son gente capaz de soportar un trabajo físico. Pero no siempre capaz de levantar un buen muro.
¿Un arquitecto moderno siente nostalgia del pasado? Éste es el punto en que uno se queda intelectualmente confundido. No hemos encontrado todavía la manera contemporánea de tratar con cualidades fundamentales de la arquitectura como la permanencia. El mundo moderno habla de arquitecturas temporales, pero lo que hacen es arquitectura barata que permanece.
¿Cuándo progresa la arquitectura? El problema de la arquitectura moderna es que no sabemos a dónde vamos. Me pregunta si siento nostalgia, pero... ¿No pasaría lo mismo con la comida? Si nos ofrecieran comer pastillas, ¿lo aceptaríamos? ¿Por qué nos gusta entrar en un restaurante y pagar 60 € por una comida lenta? Pagamos diez veces más de lo que vale. Empleamos diez veces más del tiempo que precisamos para alimentarnos y ¿Por qué? Pues porque por mucho que el mundo cambie rápidamente, nosotros no cambiamos tan deprisa.


Imagen: Museo River and Rowing en Henley-on-thames, Inglaterra. 1989-97
Se dice que el remo es el deporte de equipo más antiguo de Gran Bretaña. Obviamente, este museo sólo podía situarse en la cuna del remo británico. Sin embargo, en virtud de su historia y popularidad con las clases altas inglesas, Henley también es un lugar sensible donde construir: un museo que celebrara esta tradición histórica se podía haber convertido fácilmente en un pastiche vernáculo.
David, consciente de la reputación de los urbanistas ingleses de rechazar la arquitectura moderna, adoptó un enfoque que hacía referencia a las tradiciones y a las características del lugar. Los primeros bocetos para el museo se inspiraron en los cobertizos para botes locales del río Támesis y en los graneros tradicionales de madera de Oxfordshire, una idea arquitectónica simple y clara que podía ser entendida fácilmente por sus vecinos inmediatos. El edificio es una manifestación cuidadosamente elaborada de esos primeros bocetos, con formas largas y paralelas revestidas de roble y tejados a dos aguas recubiertos de plomo con una gran inclinación. Es claramente un edifico moderno, pero que recuerda al mismo tiempo un pasado arquitectónico vernáculo. (GAUZIN-MÜLLER, DOMINIQUE. 25 Casas ecológicas. Barcelona, Editorial Gustavo Gili, 2006)
En el presente trabajo de investigación, no sólo se plantea analizar e impulsar la rehabilitación y conservación sostenible de la arquitectura vernácula, teniendo en cuenta estrategias medioambientales y constructivas; sino también la de introducir una base más estable y sólida a la hora de hacer una nueva arquitectura, una síntesis de modernidad y tradición en la arquitectura contemporánea tomando como referencia ejemplos de la arquitectura vernácula tradicional y de la arquitectura de nuestros tiempos que reinterpreta las formas, los materiales y las técnicas de construcción tradicionales.
Tal y como escribre Vicky Richardson, en su obra Vanguardia y tradición. La reinterpretación de la arquitectura, “la arquitectura vernácula, o arquitectura desmentida, es quizá el modo de expresión más apropiado para una época que carece de un sentimiento de cambio de transformación histórica. Los arquitectos de este libro tienden a poner más énfasis en la historia y en la investigación arquitectónica, lo que es poco usual en una época donde el mayor valor generalmente se asocia a las nuevas formas y tecnologías. Aprender del pasado no excluye la invención de ideas estimulantes”.
Bibliografía texto
- BEHLING, Sophia y Stefan. Sol Power: La evolución de la arquitectura. Barcelona, Ed. Gustavo Gili, 2002.
- GAUZIN-MÜLLER, DOMINIQUE. 25 Casas ecológicas. Barcelona, Editorial Gustavo Gili, 2006.
- RICHARDSON, Vicky. Vanguardia y tradición: La reinterpretación de la arquitectura. Barcelona, Ed. Blume, 2001.
- VÁZQUEZ FIERRO, VIRGINIA. Optimización de una metodología de análisis para la rehabilitación y protección sostenible de la arquitectura vernácula. Tesis doctoral, departamento de construcciones arquitectónicas de la Escuela Superior de Arquitectura Politécnica de Cataluña. Barcelona, 2009.
- ARQUITECTURA Y DISEÑO. Número 113. RBA Revistas, España, 2010. Entrevista a Chipperfield.
Imagen principal: Refugios construidos por sus propios moradores, como esta casa de paja y troncos de África, fueron reconocidos como edificios bellos por primera vez en 1964, en la exposición “Architecture without -architects” en Nueva York. (RICHARDSON, Vicky. Vanguardia y tradición: La reinterpretación de la arquitectura. Barcelona, Ed. Blume, 2001)
Posted by Lluis Sabadell Artiga at October 29, 2010 Archived In Arquitectura